La conciencia de principio y fin que tiene el ser humano en relación a su propia existencia y el conocimiento de los signos físicos que
van marcando en cada uno de nosotros el paso acelerado del tiempo, ha hecho
que el hombre sea a lo largo de su historia un buscador incansable
de soluciones tanto mágicas como reales para recuperar la
armonía de su
cuerpo y la juventud perdidas.
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